• Jorge Peris

Las boterías, un negocio del pasado en el siglo XXI

Actualizado: 27 de oct de 2019

Crónica sobre el pasado, presente y futuro de la histórica botería burgalesa 'Los tres D.D.D.'.


Entrada de la botería 'Los tres D.D.D'.

Entrar en la botería ‘Los tres D.D.D.’, en pleno centro de la localidad española de Burgos, supone dar un salto momentáneo al pasado. No sólo por poder ver y disfrutar en primera persona de un arte que parece que va extinguiéndose con el pasar de los años, sino también por tener la posibilidad de observar en sus inmaculadas paredes blancas de fotografías de los fundadores de este negocio familiar y de objetos utilizados antiguamente para la fabricación de las botas.


La tienda la presiden decenas y decenas de botas tradicionales, las icónicas rectas claras con collarejo y cordones rojos, que cuelgan del techo, también blanco, mientras que en los armarios laterales están expuestas algunas de sus botas más modernas: la recta oscura, la curva clara y la curva oscura, la recta hecha con el tejido estilo hierbas, el pellejo de vino claro y oscuro, la recta con pelo, los odres y las que tienen forma de botella de vino y de porrón.


La historia de ‘Los tres D.D.D.’ se remonta hasta mediados del siglo XIX, cuando Julián Domingo Martín entró a trabajar como empleado en otra botería de renombre de la ciudad de Burgos: la ‘Botería Hermenegildo Barbero’. Treinta y dos años después, su hijo, Valentín Domingo Adrián, ingresó en el oficio como aprendiz, con sólo 14 años, aunque no estuvo mucho tiempo como ayudante de don Hermegildo, puesto que en 1906 las herederas de otra botería con solera de la ciudad, la botería ‘Hijas de José Fernández’, lo reclamaron para que se hiciera cargo de ésta.


Ya en 1926, Felisa y Lucía Fernández, las hijas de José, le traspasaron el negocio a Valentín, quien cambió el nombre a ‘Botería de Valentín Domingo’, donde no mucho más tarde entraron a trabajar sus tres hijos: Estaban, Luis y Valentín. Muchos años después, los tres tomaron el control del negocio y procedieron a renombrarlo: ‘Los tres D.D.D.’, como se le conoce hoy en día.


Las botas de vino de toda la vida, las de siempre, son de color ocre, no muy grandes, rectas y con el interior de pez, pero los tiempos actuales han obligado incluso a las boterías más tradicionales a tener que innovar para llegar, además de a su clientela más fiel, a otros segmentos más amplios de la población.


En ‘Los tres D.D.D.’, ahora con Jorge y Rocío Domingo, los nietos de Valentín, al mando, las hacen personalizadas. Escudos, emblemas y nombres, al gusto del comprador. Uno puede, si lo desea, personalizar su bota de vino y colocar en ella un escudo del Real Madrid, del Barcelona, del Atlético de Madrid o de su equipo favorito de España o del mundo, además de diseñarla a su antojo con colores vistosos y llamativos o estamparla con el nombre o eslogan que les guste.


Las hay con el interior de látex, forradas con telas de diferentes colores y texturas, y con formas variadas: desde la curva, hasta la que tiene forma de estrella de cinco puntas, de botella de vino o, incluso, de porrón.


Jorge (izquierda) y Rocío Domingo (derecha) con una de sus primeras botas

Mucho ha pasado desde la apertura de la tienda, hace más de un siglo, pero la forma de fabricación y producción de las botas en este pequeño negocio burgalés sigue siendo minuciosa y cuidada, muy similar a la que aprendió Julián Domingo Martín hace tantos años.

Mi hermana Rocío y yo íbamos a la botería de mi padre y de mis tíos desde que éramos muy pequeños. Luego, sin casi darte cuenta y poco a poco, primero jugando y luego ya más en serio, vas tomando contacto con los materiales y el trabajo. El aprendizaje del oficio es lento y lleva tiempo. Rocío y yo regentamos la botería desde el año 2000, tras la jubilación de nuestro padre”, explica Jorge.


Sin embargo, ni Rocío, ni yo sentíamos especial atracción por este trabajo -continúa el botero-. Los dos estudiamos cosas que no tienen nada que ver con la botería, pero, después de varias generaciones en la familia de dedicación a este oficio, algo debe haber en los genes que te impulsa a no ser tú el que rompa la saga”.


De España a Colombia, pasando por México, Ecuador y Estados Unidos


Los nietos del ‘Domingo original’ han modernizado el negocio acorde a los tiempos que corren, han diseñado una página web atractiva, intuitiva y muy visual, y que cuenta con una tienda online, a través de la cual envían sus características botas a cualquier parte del mundo.


Tenemos muchos pedidos nacionales, pero también un gran número de peticiones internacionales. Latinoamérica es un sitio con mucha tradición taurina y, por ende, mucha tradición de botas. Enviamos muchas a Colombia, Perú, Ecuador y México, aunque también a Estados Unidos”, cuenta.


Sin embargo, el cliente más curioso que tenemos es uno que se lleva siempre una bota consigo allá donde va y luego nos envía una fotografía para que la pongamos en un tablón que tenemos en la tienda -prosigue Jorge-. Ha estado varias veces en la Antártida, y desde allí nos ha hecho llegar instantáneas de una bota con el logotipo de ‘Los tres D.D.D.”.


Pese a esta ‘modernización’, la tienda física de Jorge y Rocío, a escasos cinco minutos a pie de la Catedral de Burgos, mantiene el toque clásico de antaño. No sólo en el aspecto decorativo, con fotos de sus antepasados en las paredes, sino también en el de la fabricación de las botas: un arte que hacen en la parte posterior de la tienda y que se asemeja muy mucho al de los primeros ‘Domingos’.


La tecnología, tan presente en otras artes en nuestros tiempos, todavía no ha terminado de llegar al mundo de la bota, en el que el artesano sigue siendo, como lo ha sido desde hace tantos años, la pieza clave en la fabricación.


La definición de artesano dice que es una persona que realiza su trabajo a mano o con herramientas manuales. Para ello es necesaria cierta destreza y habilidad. En cada bota, el artesano tiene que poner de su parte, y sólo la maestría del botero puede hacer que una bota quede bien terminada, algo que la tecnología no puede hacer”, explica Jorge.


En hacer una bota se tarda, aproximadamente, una hora, pero no se hace entera de principio a fin, sino que cada día se van haciendo labores diferentes: la fabricación comienza con el curtido de la piel de cabra, y, una vez esquilada, se marcan los modelos y se cortan. Después hay que mojar esta piel para poderla fruncir y, seguidamente, se cose con trenza de algodón, lo que hará que aguante la presión del líquido. Más tarde se deja secar, y, una vez seca, se soba en un bombo para que quede blanda. Hecho esto, se empezga (se recubre el interior con un producto resinoso vegetal extraído del pino o enebro que hace impermeable el interior de la bota) y se ponen los brocales, que se atarán para poner también el collarejo rojo. El paso siguiente es remojarla en agua caliente y secarla de nuevo. Una vez seca se lija muy fina para dejarla suave, se ponen los cordones y nuestra marca, ‘Los tres D.D.D.’. Lo último que hay que hacer es disfrutar de la bota durante muchos años”, cuenta el artesano desde su taller con detenimiento.


En la tienda-taller que regentan en Burgos trabajan los dos hermanos codo con codo desde hace casi 20 años, y suelen turnarse en la fabricación: cuando uno está al fondo de la tienda, en el taller anexo sobando las botas, empezgándolas o lijándolas, el otro está cara al público, ya sea curtiendo pieles o explicando a los clientes más curiosos el minucioso proceso de fabricación. Y no son pocos los que se acercan a conocer el oficio.


El hecho de que Burgos sea parada obligada en el Camino de Santiago hace que muchos peregrinos aprovechen su descanso en la ciudad para pasarse por la botería y hacerse con una bota para rellenar con vino o agua que les acompañe en su larga travesía hasta Santiago de Compostela.


Botas de colores


Al fondo del local, cerca del taller, junto a la tabla de madera donde se curten las pieles, están expuestas algunas de sus botas estrella, como las personalizadas con nombres o escudos de equipos, o las populares rectas de colores; una colección que tiene una paleta muy amplia: se venden en amarillo, magenta, naranja, azul claro y oscuro, rosa y verde claro y oscuro.


Los tiempos nos han llevado a hacer nuevos modelos. Ahora hacemos botas con el interior de látex, para cualquier tipo de bebida; botas de colores, botas de tela, botas con forma de porrón, botas personalizadas con logos, y también hacemos modelos de encargo que nuestros clientes demandan”, cuenta Jorge sobre esta ‘reinvención’ del negocio.


Sin embargo, pese al pequeño repunte en las ventas que se ha producido en los últimos años, debido, sobre todo, al auge de lo ‘vintage’, el futuro de una botería en estos tiempos es incierto. Por ello, Jorge y su hermana, que han asumido que sus familiares más jóvenes no tomarán el testigo en ‘Los tres D.D.D.’ después de muchas generaciones de trabajadores, han tenido que diversificar el negocio.



Es verdad que últimamente ha habido un cierto éxito de las botas entre la gente joven; sobre todo con los modelos más modernos. Aunque también se venden bien los modelos tradicionales, ya que muchos lo ven como algo ‘vintage’. Y sabemos que lo ‘vintage’ está de moda”, afirma Jorge con una sonrisa.


Pero el futuro es incierto -explica-. Por eso ahora nos dedicamos también a curtir las pieles para las botas… Los proveedores se han ido jubilando y los materiales que utilizamos son tan específicos que ya no hay nadie que los haga. El futuro, pensamos, está en internet, y para no quedarnos atrás montamos nuestra página web y hacemos envíos a todo el mundo”.


Tradicionalmente utilizadas para el vino, con el paso de los años el arte de la bota se ha ido ampliando también a otro tipo de bebidas. Todas espirituosas. Sin embargo, cabe reseñar que este tipo de objetos, también fabricados con piel de cabra, han existido durante toda la historia: los primeros testimonios sobre su existencia y uso se remontan a la antigua Grecia, y también han aparecido en la Biblia y en el Quijote de Cervantes. Además, en lugares tan inhóspitos como el desierto se llevan usando durante siglos recipientes similares para transportar el agua.


Lo habitual es que las botas con interior de pez se usen exclusivamente para vino y que las que tienen el interior de látex se empleen para cualquier otro tipo de bebidas, como las gaseosas, que aguantan muy bien, aunque lo normal es que sean bebidas alcohólicas”, cuenta Jorge.


En el sur de España, además de con vino, se suelen rellenar con manzanilla, el licor que suelen fluir en mayor cantidad durante la colorida y festiva Feria de abril, mientras que en Colombia, en la zona cafetera de Caldas, lugar también con una gran tradición taurina, las botas suelen contener el tan popular aguardiente. Al fin y al cabo, y dependiendo del interior, si es de pez o de látex, cada individuo puede rellenar su bota de vino con la bebida que más le guste.


Este objeto tan útil y hoy considerado ‘vintage’ ha vuelto a ponerse de moda, con empresas como Loewe, que hace unos años sacó una edición limitada de 100 ejemplares, ayudando a su propagación y a que el gran público pueda conocerlo.


En la botería ‘Los tres D.D.D.’, Jorge y Rocío Domingo continuarán trabajando con la pasión, dedicación y mimo de sus antepasados para fabricar botas de vino de calidad que seguirán recorriendo el mundo y llenando de fotografías e ilustraciones el tablón que tienen en su tienda en Burgos.

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